“Los hombres han olvidado esta verdad –dijo el zorro- , pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado”.
Antoine de Saint Exúpery. “El Principito”.

La muerte accidental de dos mujeres, atacadas por una jauría de perros, al intervenir físicamente en una pelea que éstos sostenían al interior de su propiedad, han hecho resurgir las discusiones sobre la urgencia de construir en conjunto y como sociedad, una conciencia plena y lúcida respecto a la tenencia responsable de mascotas, particularmente de perros, puestos injustamente dentro del ojo del Huracán como consecuencia de los lamentables hechos acaecidos. Y no sólo se trata de conciencia, sino de acción. Y pronta. Los perros callejeros, vagabundos, sin amos conocidos, o de propiedad colectiva, encarnados principalmente por el cholo, aquel quiltro, mestizo, estéticamente extraño pero inteligente, vivaz y leal, han formado parte del paisaje cotidiano desde tiempos inmemoriales…Sobre él se han escrito libros y canciones, dedicado obras e incluso, se escogió un representante para las celebraciones por el Bicentenario. No obstante, Chile es un país mezquino con sus animales, especialmente con la fauna urbana que pulula por los barrios, puertos y ciudades, tratando de encontrar principalmente liderazgo y cariño, y con suerte, un pedazo de pan o un hueso de pollo entre la basura –o viceversa-.
Las mascotas no son moneda de cambio, productos que den estatus o artículos que puedan ser devueltos, si no cumplen con las expectativas que les hemos achacado y que les exigimos, sin siquiera encargarnos de ello; Las mascotas, en este caso, los perros, son amigos, y a los amigos no los compramos, los elegimos, según la afinidad y la clase de relación que queramos construir. En nuestro país, esa perspectiva se ha perdido: si bien desde siempre hemos tenido la deplorable costumbre de tirar a la calle o llevar a “una parcela” a la descendencia no deseada de nuestros animales, hoy en día las razones por las que deambulan libres miles de perros sin dueño, se han multiplicado: falta de espacio en las viviendas, descuido generalizado, incapacidad para encargarnos de un ser que depende exclusivamente de nosotros y que se convierte en el reflejo de lo que somos…en fin, un sinnúmero de excusas que se resumen en un conjunto de motivos: irresponsabilidad, falta de compromiso, desidia, desamor. En tanto, otra tendencia igualmente preocupante tiene que ver con los perros con dueños conocidos, pero huérfanos, al no recibir la educación, atención y cuidados necesarios por parte de sus propietarios. De este modo, no resulta extraño que pronto estos canes, aprovechando un portón abierto, una ausencia prolongada o el llamado de la naturaleza, escapen y pasen a engrosar el clan de los callejeros, que alcanza para todos, diariamente ignorados, hasta que todo se sale de control. Ojos que no ven, corazón que no siente, parece ser la consigna que ilustra su situación.

No trato de hacer una apología sobre los perros, pero es necesario poner sobre el tapete algunos conceptos que demuestran, a todas luces, que los errores los hemos cometidos los humanos y no los canes. Los perros son animales inteligentes, leales, cariñosos, que trabajan cooperativamente y establecen relaciones a través de la jerarquización. Los hombres primitivos notaron estas capacidades en algunos lobos, los más dóciles de la camada; prontamente fueron seleccionando hasta conseguir ejemplares capaces de convivir armoniosamente con ellos. De este modo, la presencia del perro en la vida y evolución del hombre es indesmentible: el domesticar perros contribuyó al asentamiento permanente de los humanos en un lugar…sin el sedentarismo, las sociedades no hubieran crecido hasta las realidades que conocemos hoy. Aún más, este compañero de ruta ha conseguido logros únicos: su relación con el ser humano lo ha llevado a compenetrarse a tal punto de establecer comunicación fluida con éste. Ninguna otra especie ha hecho esfuerzos similares por conectarse con miembros de otras razas, como lo ha conseguido el perro con el ser humano. De hecho, el perro en estado salvaje no ladra: los domésticos aprendieron a hacerlo como imitación del lenguaje verbal que posee el ser humano.
Los canes están presentes para complementar la vida de la humanidad, para ayudarnos en diversas labores y para brindar tal vez el cariño más desinteresado y verdadero que se pueda experimentar. Desde que nací he gozado de la compañía de estos animales, y como en todas las relaciones, ha sido de dulce y agraz: Sin embargo, no puedo concebir la vida sin ellos.

Es por esto que, la tenencia responsable de mascotas debe fundamentarse en el establecimiento de un compromiso formal, de por vida, con el animal que has acogido en casa y que, indesmentiblemente, pasará a constituir un miembro más de la familia. Apostando por una convivencia cordial, señalaremos algunas de las consideraciones fundamentales que se deben conocer al momento de iniciar una relación responsable con el perro:
• Educando a mi perro aprendo a ser mejor persona…
Es imprescindible establecer la superioridad jerárquica: Nuestro nuevo amigo debe adaptarse y responder a las capacidades con las que contamos como líder, pues él, ante todo, espera que el ser humano le guíe y le demuestre quién está al mando. Si soy una persona pasiva, no puedo hacerme cargo, a cabalidad, de un perro de temperamento fuerte, pues es probable que me sienta sobrepasado y la relación de subordinación se invierta. Por tanto, es necesario identificar qué somos capaces de entregar, y qué queremos conseguir con nuestras mascotas…afortunadamente, perros y hombres comparten la diversidad de caracteres y es probable que cada humano encuentre al perro adecuado – y nuevamente, viceversa-.
En una segunda instancia, resulta ineludible adquirir responsabilidades y comprometerse con el bienestar de la mascota. Esto implica asumir la educación, alimentación, control médico, esterilización y necesidades de esparcimiento del perro. Nuevamente, debemos tener en cuenta qué podemos ofrecerle a nuestra mascota y dependiendo de los resultados de ese análisis, escoger un animal que requiera, precisamente, aquello que le podamos entregar. Simplemente, se trata de eso, de conocer nuestras capacidades y elegir un compañero coherente con lo que somos.
Un punto importante reside en la educación del perro. No estamos hablando de adiestramiento canino, sino de tomarnos el tiempo mínimo para enseñarles normas y conductas básicas a nuestros animales. En general, las principales lecciones que debe aprender nuestra mascota, son:
1. Acudir inmediatamente cuando se le llame por su nombre. Es recomendable que éste sea breve, sonoro y no suene parecido a ciertas instrucciones que el perro pueda recibir.
2. En la educación, es importante premiar al animal con juegos, caricias, golosinas moderadas o cualquier otra cosa que le resulte agradable, cuando el perro responda a una orden favorablemente; por el contrario, debe ser reprendido oportunamente cuando comete un error, para que comprenda cuales acciones son adecuadas y cuáles no. Los castigos no deben ser físicos: un golpe sonoro a un objeto o un “NO” fuerte bastan para que comprenda.
3. Determinar claramente que el perro es el último peldaño de la escala jerárquica y que los humanos con los que convive están por sobre él. Esta labor implica no humanizar al perro: no permitir que ocupe el mobiliario que no está destinado para él, no alimentarlo mientras la familia come en la mesa, etc. El perro agradece saber cuál es su posición dentro de la estructura familiar.
4. Establecer rutinas de alimentación, visitas al veterinario, paseos y juegos. Es fundamental que el animal realice actividad física en compañía de su amo; esto estrechará los vínculos entre perro y hombre.
5. Sociabilizar a su perro: la mascota debe tener la oportunidad de compartir armoniosamente con otros animales y otros seres humanos ajenos a su familia. Esto se logra a partir de los 6 meses de edad del animal, momento preciso para que aprenda a relacionarse con otros.
Considerando estos antecedentes, no parece difícil llevar una convivencia plena con nuestros perros. Entonces, ¿Por qué les hemos fallado tanto? Hace un par de años nos horrorizamos al ver las condiciones miserables en las que trabajaba la Sociedad Protectora de Animales: miles de personas clamamos por justicia y una reestructuración de las leyes y organismos atingentes a nuestros animales…Nada de eso se ha concretado, aún. Hoy en día, nos horrorizamos nuevamente, al ver cómo el mejor amigo del hombre ataca “sin piedad” a quienes forman parte de su familia, culpándolos de hechos en los que los únicos responsables somos los humanos, incapaces de atender a las necesidades y requerimientos de nuestras mascotas. Parece más fácil estigmatizar a ciertas razas de perros, antes de comprobar cómo nos hemos deshumanizado y por tanto, desconectado de ellos. No merecemos la lealtad canina: los hombres cometemos el error de creer saberlo todo, de cegarnos fácilmente ante luces efímeras, que nada tienen que ver con la real esencia de las cosas. Los perros no saben de falsedades ni de apariencias, y por eso, se desconciertan al ver como hemos perdido el rumbo.
Llegó entonces, la hora de retomar las riendas de aquello que hemos domesticado: la tenencia responsable, como vimos, se basa únicamente en ser honestos con lo que somos, lo que tenemos y lo que podemos dar. Eso es todo lo que nuestros perros piden…ni más ni menos.